Yvette Jiménez-Mota es la mayor de seis hermanos, todos ciudadanos americanos. Tiene 18 años y estudia en un community college en el área de San Francisco. Sus padres llegaron a los Estados Unidos por separado; su mamá en 1987 y su papá en 1990. Mientras intentaban ajustar su estatus migratorio, y debido a malos consejos de un abogado, ambos recibieron órdenes de deportación. El padre, Víctor Jiménez, fue deportado hace 2 años; la madre, Macrina Moto, apelò su deportación y hace un mes ganó el derecho de quedarse en el país a cuidar a sus 6 hijos.
“Cuando obligaron a mi padre a irse sentí que nuestras vidas habían terminado – somos una familia grande y él era el que proveía el sustento. Nos quedamos sin casa por más de 4 meses en el 2009. No es un sentimiento placentero pero tenía que ser fuerte – mis hermanos y mi mamá me necesitaban, por ser la mayor, para proveer parte del apoyo económico que mi padre nos daba antes de ser deportado. Todo cambió en el 2008 y ahora estoy más consciente de las consecuencias en mi vida. Lo más importante en la vida son mi familia y mi educación. Mi familia siempre ha estado ahí para apoyarme, ahora me toca a mí cuidarlos tanto como pueda.
Aún así, el sentimiento es horrible. Me siento traicionada: mis padres pagaron impuestos por más de 20 años, mi mamá siempre ha estado involucrada con la comunidad. Mis padres intentaron todo lo posible para ser buenos ciudadanos, y al fin de cuentas, a pesar de tener 6 hijos que son ciudadanos americanos y de más de 20 años de pagar impuestos, les han dicho que no son parte de éste país.
Yo creo en los valores Americanos de mantener a la familia junta, en el valor de la unidad. También creo en el poder y la voz del individuo. La experiencia de haber visto a mi familia destrozada de esta manera me ha hecho creer con más firmeza en estos valores. Es muy extraño para mí pensar que ésta nación se enorgullece en la fortaleza de sus familias, y aún así las destruye, despiadadamente.
Si mis padres hubieran obtenido el estatus legal en el país, yo estaría en una universidad de 4 años y no tendría que preocuparme por trabajar tan duro. Pero como están las cosas, sólo puedo tomar algunas clases en el community college porque tengo que trabajar y ayudar a mi mamá a cuidar a mis hermanos menores. Si mis padres tuvieran estatus legal, podríamos vivir sin el miedo de ser separados por la fuerza, mi hermano menor crecería con un padre, y podríamos celebrar la navidad juntos.
Yo soy americana. ¡Mis padres son americanos! Ambos han pasado la mayor parte de sus vidas adultas en los Estados Unidos. Me gusta que éste sea un país de oportunidades – tener la libertad de expresarme, y continuaré ejercitando ese derecho para intentar cambiar el sistema migratorio.
La mayoría de los americanos no tienen ni idea de lo que es ser un inmigrante. No saben por qué los inmigrantes vienen al país, y no tienen ni idea de las contribuciones que han hecho. La mayoría de los americanos no entienden por qué es tan bueno para nuestro país aceptar inmigrantes. Pero lo es.”